Psicóloga, Psicoterapeuta, Psicoanalista, Terapeuta EMDR – DBT
Hoy conocemos a Martina Larsen Paya, psicóloga, psicoterapeuta y psicoanalista de orientación relacional. Nació en Italia, hija de padre danés y madre española, y creció en una familia donde la pregunta cotidiana era: “¿En qué idioma hablamos hoy?”. Desde pequeña ha vivido entre lenguas y culturas diferentes, algo que hoy considera una gran riqueza y una parte esencial de su manera de entender la vida y las relaciones humanas.
Martina, cuéntanos un poco sobre tu trayectoria.
Estudié Psicología en la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán, donde realicé una tesis experimental sobre la relación entre el estrés infantil y la conducta suicida en el trastorno depresivo. He pasado largos períodos de formación en el extranjero, tanto en Europa como en Sudamérica. Durante mi permanencia en Londres trabajé en el Cassel Hospital, donde me ocupé de los trastornos de personalidad en la adolescencia y en el adulto joven; estuve también en España, en el Hospital Sant Pau de Barcelona; y trabajé en Argentina y Brasil gracias a colaboraciones con ONG. Obtuve además certificaciones en DBT (Dialectical Behaviour Therapy), MBT (Mentalization-Based Therapy) y EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing). Desde la pandemia trabajo internamente contratada por una escuela internacional en Milán, acompañando a adolescentes y también a sus padres en los desafíos de esta etapa tan compleja como fascinante.
¿Cuál es tu enfoque terapéutico?
Mi orientación es psicoanalítica relacional, un enfoque que considera la relación como el espacio central del proceso terapéutico. A diferencia de otros modelos más centrados en los síntomas o en la conducta, creo que el trabajo pasa por dar sentido a la experiencia emocional, en lugar de intentar eliminarla rápidamente.
Vivimos en una época en la que la soledad parece un problema que hay que llenar con actividades, redes sociales o cursos de cerámica. Sin embargo, pienso que la soledad también puede tener un sentido: puede ser una experiencia transformadora, si aprendemos a atravesarla. Al fin y al cabo, ¿quién no se ha sentido solo alguna vez? ¿O incluso este mismo año? ¿Y qué hicimos cuando ocurrió? Como es algo que nos pasa a todos, y nos volverá a pasar, es mejor comprender su sentido antes que intentar taparla.
Para mí, el trabajo terapéutico no consiste solo en sentirse mejor, sino en aprender a estar con lo que hay y poder ser auténticos en nuestras relaciones, porque no puedo ser otra cosa que lo que soy en todas las relaciones que construyo.
También trabajas con parejas. ¿Cómo se aborda una crisis desde la terapia?
Sí, acompaño también a parejas en momentos de crisis, especialmente cuando hay ruptura, distancia emocional o traición. La traición (aunque duela profundamente) puede ser también una oportunidad de crecimiento, si se logra mirar lo que revela: las carencias, los silencios, los desequilibrios que se habían instalado mucho antes del acto en sí.
La terapia de pareja no busca “volver a como eran las cosas antes”, sino descubrir si hay algo nuevo que pueda nacer después de la herida. A veces la pareja se transforma y encuentra otra manera de vincularse; otras veces comprende que su camino debe separarse, pero con sentido y respeto. Trabajo con las parejas desde un lugar de escucha mutua, ayudando a traducir lo que cada uno intenta decir (a veces con rabia, otras con silencio), y a reconocer la vulnerabilidad que suele esconderse detrás de la defensa.
Has fundado una asociación muy original: “Psicolog* al Parco”. ¿Cómo nació esa idea?
Fue una experiencia muy especial. Durante la pandemia, junto con algunas colegas, fundamos Psicolog* al Parco, una asociación que busca cuestionar la idea tradicional del psicólogo como figura necesariamente encerrada en un despacho, investida de un saber experto y distante.
Desde mi punto de vista, esta experiencia no nace tanto de un cambio de escenario, no se trata simplemente de hacer terapia en un parque o en un bar, sino de una manera distinta de estar en relación con el paciente. La idea central es salir de un modelo rígido donde el terapeuta es quien “sabe”, quien está protegido por el despacho y decide qué es lo mejor para el otro. Lo que proponemos es una experiencia de encuentro más humana, real y horizontal, donde terapeuta y paciente están en contacto desde un lugar de mayor autenticidad, sin verdades en el bolsillo ni posiciones de superioridad.
Esta reflexión surgió a partir del trabajo con una paciente adolescente. En la sala de espera se escondía bajo la capucha, temerosa de las miradas; en el despacho, en cambio, algo en ella se encendía. Un día le propuse salir a hacer algo sencillo, comprar un marco, echar una carta, tomar una merienda y fue en ese movimiento, en ese “afuera”, donde empezó a mostrarse de otro modo. No porque estuviéramos fuera del consultorio, sino porque yo estaba con ella de una manera más presente, menos encorsetada por un rol.
Con el tiempo, fue ella quien empezó a pedirme salir, y ese cambio se tradujo también en su vida cotidiana: pasó de evitar el parque por miedo a encontrarse con los demás, a poder atravesarlo y saludarlos sin esconderse. Esa experiencia me confirmó que lo terapéutico no está definido por el lugar, sino por la calidad del vínculo: por la posibilidad de encontrarse verdaderamente con el otro, en contacto con la realidad, con el cuerpo y con la vida tal como sucede.
¿Con qué tipo de pacientes trabajas principalmente?
Trabajo con adolescentes y adultos, en terapia individual y de pareja, y también en el acompañamiento a padres. Ofrezco sesiones en español, italiano e inglés, y colaboro con escuelas en proyectos sobre educación emocional, acompañamiento familiar y uso consciente de la tecnología.
¿Y fuera del trabajo, qué te gusta hacer?
Leer, aunque ahora, con dos niños pequeños, el tiempo para hacerlo es un poco menos. Desde niña mi gran pasión es montar a caballo; en los últimos años, entre embarazos y maternidad, he tenido que dejarlo temporalmente, pero sigo disfrutando de todo lo que me conecta con el aire libre: pasear por la montaña, esquiar, jugar al golf o al tenis, o estar en la playa. El contacto con la naturaleza y el movimiento me devuelven el equilibrio y me recuerdan lo esencial.
Para saber más sobre Martina y su actividad profesional:
■ www.martinalarsenpaya.com
■ +39 349 1696270
■ Despacho en Milán: Via Balzaretti 28, 20133 (MM Lima – Piola)

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